Durante esta semana nos hemos centrado en Descartes, en su método y su duda universal.
Descartes considera que el motivo por el que la razón humana comete errores y, sin embargo, la ciencia es capaz de progresar, es que la filosofía carece de un método adecuado. Es por ello que propone un método matemático para dotar a la razón humana de un criterio de verdad definitivo.
La confianza que Descartes deposita en el método se basa en su concepción de la razón humana como una facultad capaz de formular las cuestiones más complejas y darles respuesta.
Las cuatro reglas de el método de Descartes son:
- Evidencia: consiste en no aceptar nada como verdadero sin conocer evidentemente que lo sea.
- Análisis: se basa en dividir cada una de las dificultades que se examinan en tantas partes como sea posible y como necesario para resolverla mejor.
- Síntesis: se trata de conducir los pensamientos por orden, de los más simples a los más complejos.
- Enumeración : por último haremos una revisión de todo lo examinado hasta llegar a estar seguro de no omitir nada.
Según Descartes, lo más sensato es cuestionarse todos los conocimientos e ir a la búsqueda de verdades indudables. Las razones en las que se fundamente su duda universal y metódica son:
- La incertidumbre de los datos sensoriales. Descartes duda de todos los datos que se originan en los sentidos, ya que éstos nos han engañado muchas veces, así como de toda la realidad material del mundo.
- Los errores de razonamiento. El ser humano comete, a menudo, estos errores. Gran parte del saber tradicional escolástico se fundamenta en la razón y en su poder discursivo pero, debido a que en la época de Descartes este saber se vuelve incierto, considera válido dudar de todos los razonamiento que se han tenido por demostrativos.
- La dificultad para distinguir el sueño de la vigilia. Según Descartes, y debido a que es al despertar cuando se reconoce el sueño como sueño, existe la posibilidad de que todos los pensamientos del estado de vigilia sean sueños que no reconozcamos como tales.
- La hipótesis del genio maligno. Descartes supone la existencia de un "genio maligno, astuto y engañador" que le lleva a considerar como evidentes cosas que no lo son.
Como se puede comprobar, Descartes pone todo en duda. Pero es esta duda la que nos llevará a una verdad indudable. Y es que cuando dudo, pienso, y la acción de pensar implica la existencia de un ser que piensa. Por tanto, si estos pensando, estoy existiendo: Pienso, luego existo (cogito, ergo sum). Esta primera verdad incuestionable cumple dos funciones determinadas:
- Justifica la existencia de un yo pensante diferenciado del cuerpo. El cuerpo se encuentra bajo la duda metódica.
- Se convierte en un principio modélico. Así, todo lo que sea evidente, claro y distinto será aceptado como verdad.