lunes, 30 de marzo de 2009
El perspectivismo de Ortega y Gasset
Tras esto, nos centramos en el relativismo, según el cual cada uno tiene su propia verdad. Una consecuencia del relativismo es la tolerancia, pero vimos, que no siempre se da este caso. Por ejemplo, el relativismo absoluto puede llevar a aceptar cosas que me atrevería a calificar de inhumanas.
Vimos también que no debemos confundir la diversidad con el relativismo. Ya que, la primera, hace referencia a diferentes opiniones o costumbres y, en cambio, el relativismo es una doctrina que cree que todos los valores culturales, morales y creencias son igualmente válidos y respetables. Dicha doctrina cuenta con dos bloques: uno que se refiere al bien y, el otro, a la verdad.
Ortega, como ya se ha mencionado antes, pretendía evitar el relativismo y, también, las posiciones dogmáticas representadas por filósofos como Platón y Descartes. Realmente, supera el dogmatismo, pero, como ya hemos visto, no ocurre lo mismo con el relativismo.
Por último, recurriendo al libro, vimos que la filosofía dogmática considera que existe una verdad o realidad fija y permanente que sólo se puede alcanzar por medio de la razón y, la filosofía relativista o escéptica sólo tiene en cuenta los aspectos irracionales de la vida como aquello que la hace real y auténtica. La postura relativista defiende que la opinión de un individuo es tan válida como la de cualquier otro, mientras que el escepticismo muestra una cierta desconfianza sobre la capacidad humana para alcanzar la verdad.
domingo, 22 de marzo de 2009
HUME: Escepticismo moderado
Según Hume, la creencia en la existencia de cuerpos u objetos independientes de la mente o de la percepción es algo natural: Hume no rechaza esta creencia, pues todas las personas actuamos dando por hecho que tales cuerpos existen, incluyendo nuestro propio cuerpo. No niega, por tanto, la existencia de tales objetos, sino la posibilidad de probar o demostrar su existencia ya que los seres humanos nos encontramos limitados a lo que podemos percibir: todas nuestras ideas provienen en última instancia de nuestras percepciones, por tanto, no podemos concebir cómo son en realidad los objetos aparte de nuestras percepciones, no podemos acceder a un mundo exterior a nuestras percepciones e independiente de ellas.
Aunque no podemos acceder a un mundo independiente y exterior a nuestras percepciones, sí podemos tratar de explicar cómo llegamos a creer en la existencia de ese mundo: podemos investigar los motivos que nos llevan a creer en la existencia de cuerpos como algo distinto de nuestras mentes y percepciones. [La película Matrix nos ayuda a entender la diferencia entre percepciones y objetos reales: los que están "conectados" tienen percepciones, y no distinguen entre percepciones y objetos extramentales, pero sus percepciones no corresponden a objetos reales extramentales ni se originan en ellos (sino en la estimulación directa del sistema nervioso a través de un sistema informático)].La explicación de esta creencia no puede hacerse en términos de causalidad (sabiendo que para Hume la causalidad es solo una conjunción o una sucesión constante), ya que para afirmar que las percepciones se derivan causalmente de los objetos debería darse una conjunción constante entre dos series de percepciones y eso es imposible en este caso, es decir, no podemos observar la conjunción constante entre objetos y percepciones, puesto que solo disponemos de las segundas (no podemos concebir los objetos salvo por medio de las percepciones).Nuestra creencia en la existencia independiente de los cuerpos se debe a una tendencia espontánea de la imaginación a partir de nuestras percepciones. La memoria desempeña un papel fundamental en este proceso.
2. El problema del yo y la identidad personal
Es evidente que tanto físicamente como psíquicamente cambiamos a lo largo de la vida y, por supuesto, nuestra vida mental es un flujo constante, entonces ¿qué es lo que hace que sigamos siendo nosotros mismos?, ¿cuál es el elemento permanente?En Hume esta cuestión aparece asociada a la noción de yo como sustancia. "No tenemos idea alguna del yo", afirma Hume, pero esto no quiere decir que no tengamos la sensación de ser nosotros mismos, tal sensación interior la tenemos todos. Sin embargo, también podemos sentir la discontinuidad en nuestra manera de ser, de comportarnos o de pensar.Para indagar acerca de una eventual idea del yo, Hume aplica el principio empirista de verdad preguntándose de qué impresión podría derivarse esa idea (puesto que toda idea proviene, directa o indirectamente, de las impresiones). La respuesta que da es que si hay alguna impresión que origine la idea del yo, esa impresión deberá seguir siendo invariablemente idéntica durante toda nuestra vida, pues se supone que el yo existe de este modo. Pero no existe ninguna impresión que sea constante e invariable. Dolor y placer, tristeza y alegría, pasiones y sensaciones se suceden una tras otra, y nunca existen todas al mismo tiempo. Luego la idea del yo no puede derivarse de ninguna de estas impresiones, ni tampoco de ninguna otra. Y en consecuencia no existe tal idea.Como verás todo el argumento se basa en el supuesto de que "el yo existe de ese modo", es decir, invariablemente idéntico durante toda nuestra vida. El yo entendido como una idea permanente e inalterable no lo podemos encontrar en nuestra mente, por mucho que busquemos. Escribe Hume: "En lo que a mí respecta, siempre que penetro más íntimamente en lo que llamo mí mismo [por tanto, Hume reconoce que hay algo a lo que llamar mí mismo] tropiezo en todo momento con una u otra percepción particular, sea de calor o frío, de luz o sombra, de amor u odio, de dolor o placer. Nunca puedo atraparme a mí mismo en ningún caso sin una percepción, y nunca puedo observar otra cosa que la percepción". Eso es lo único que encontramos en nuestra mente cuando miramos en ella: "un haz o colección de percepciones diferentes" que "están en un perpetuo flujo y movimiento". Sin embargo pensamos, creemos, que esas percepciones son de alguien (yo). Según Hume, esta creencia en un yo se debe al funcionamiento de la memoria, que nos da la sensación de continuidad. Pero no explicó con precisión este funcionamiento.
3. El agnosticismo (y la religión)
- La inmortalidad del alma: la inmortalidad del alma es indemostrable. Otra cuestión es que Hume creyese o no en ella. Hay motivos para pensar que, personalmente, tuviera serias dudas sobre la inmortalidad.
- La existencia de Dios: La existencia de Dios es también indemostrable. Puede que haya cosas que no sean percepciones, pero si las hubiera no podríamos saber lo que son. Como mucho podríamos suponer que el mundo tiene una causa inteligente, pero no podemos saber en qué consiste tal causa, qué características tiene, por lo que no cabe identificarla con el Dios del cristianismo o de otra religión.
- La religión: la posición de Hume no está definida de manera concluyente, pero la categoría más apropiada para él sería el agnosticismo. Por otra parte, criticó la influencia de las religiones sobre los seres humanos, especialmente el fanatismo religioso.
HUME: Teoría del conocimiento
Las ideas y las impresiones (ambas constituyen lo que Hume denomina percepciones) forman el contenido de la mente. Las ideas son fundamentalmente copias difusas de las impresiones, serían como las huellas que las impresiones dejarían en nosotros. Las impresiones son las sensaciones inmediatas de la experiencia. Pueden ser de sensación o de reflexión, según se produzcan por la estimulación de los sentidos o por estados internos. Por tanto, las ideas pueden tener dos orígenes: los sentidos, son ideas de sensación puesto que proceden de impresiones de sensación; la actividad de la propia mente, se llaman ideas de reflexión, pues son generadas a partir de impresiones de reflexión (emociones y pasiones).
Según su composición, las percepciones se dividen en:
- Simples: no pueden dividirse en otras menores.
- Complejas: pueden distinguirse y dividirse en otras más simples.
2. Origen del conocimiento (asociación de ideas)
Todos los contenidos de la mente proceden de la experiencia, es decir, de las impresiones.En la terminología de Hume estos contenidos (o representaciones mentales) son las ideas (un pensamiento es una idea, pero también lo es una imagen mental).Hemos visto que las ideas pueden ser simples o complejas. En el caso de las primeras se puede afirmar que toda idea simple procede de su correspondiente impresión simple. Pero en el caso de las ideas complejas la conexión entre impresiones e ideas puede ser distinta, ya que puede que una idea compleja derive de su correspondiente impresión compleja, pero también cabe la posibilidad de que una idea compleja sea fruto de la combinación y unión fantasiosa que realiza la imaginación con las impresiones simples.
También en estos casos sigue siendo verdadera la tesis de que toda idea procede de la experiencia (de las impresiones), aunque de manera indirecta: pasando por la mediación de la imaginación. En la mayoría de los casos, la imaginación crea ideas complejas siguiendo ciertas leyes y regularidades. Estas tendencias son lo que Hume llamó leyes de asociación de ideas, y consisten en:
- Semejanza: hay algo en nuestra mente que la impulsa a asociar ideas entre las cuales hay algún grado de similitud.
- Contigüidad en el espacio y en el tiempo: una idea nos conduce a otra cuando entre ellas existe una relación de proximidad.
- Relación causa-efecto: ante los fenómenos que se acostumbran a suceder temporalmente, nuestro entendimiento crea una expectativa de futuro: espera que ciertos hechos sigan a otros al igual que ha sucedido en el pasado.
2.1. Relaciones de ideas y cuestiones de hecho
Para Hume, nuestros contenidos mentales se reducen a impresiones o ideas. Ahora bien, con éstos construimos juicios y afirmaciones, y establecemos relaciones entre nuestras percepciones. Todos estos juicios pueden clasificar se en:
- Relaciones de ideas. En estos juicios se establecen relaciones entre ideas y conceptos; por tanto, surgen del razonamiento. Son afirmaciones universales y necesarias. Su negación implica una contradicción y un absurdo.
- Cuestiones de hecho. Son afirmaciones en que se establecen relaciones entre hechos que hemos de comprobar mediante la observación y la experiencia. Son contingentes y probables: lo que afirman es así ahora, pero podría no serlo y nadie nos asegura que en el futuro sean así. Su negación es perfectamente posible, no implica ningún absurdo.
HOBBES
Este replanteamiento político es consecuencia de una nueva concepción del hombre. Según Hobbes, los seres humanos son esencialmente iguales, y no han nacido predeterminados para llevar a cabo labores diferentes. Lo cierto es que todos los hombres gozan de parecidas posibilidades, en el sentido de que, en conjunto, todos tienen similares posibilidades de conseguir sus objetivos.
Esta igualdad, unida al natural egoísmo humano hará pensar a Hobbes que la vida sin una autoridad firme y temida sería un auténtico infierno, ya que todos se convertirían en un peligro para todos. La situación que se deriva de esto, junto con el deseo de vivir tranquilamente en paz y con seguridad, impulsará a los hombres a pactar. Este proceso es el siguiente:
- El estado de naturaleza. El hombre viviría en completa libertad e igualdad, por lo que todo el mundo tendría derecho a todo o, mejor dicho, a nada, ya que no habría forma de hacerse respetar. La falta de limitaciones convertiría al hombre en un lobo para el hombre (homo homini lupus), y el estado de naturaleza se transformaría en un estado de guerra constante. Esta situación impediría cualquier progreso humano, a la vez que haría que los hombres buscaran la manera de salir de esta situación de peligro constante.
- El pacto. La razón humana y el deseo de vivir en unas condiciones más propicias impulsaron a los hombres a renunciar a la libertad y a pactar una forma de vida más represiva pero más segura. El miedo a los demás hace que el hombre abandone el estado de naturaleza y se civilice.
- El Estado o Leviatán. Este pacto constituye el origen del Estado. Del contrato surge un soberano que obtiene un poder absoluto e incuestionable. Sólo en el caso de que el monarca sea incapaz de mantener la seguridad, los súbditos tendrán derecho a romper el pacto y derrocarle.
La visión pesimista de Hobbes de la naturaleza humana le lleva a defender y justificar un Estado absolutista capaz de mantener el orden y la seguridad.
DESCARTES: Libertad y mecanicismo
Si el yo pensante no fuera una sustancia completamente separada y desligada del cuerpo, no habría lugar para la libertad, el comportamiento humano sería como el de una máquina. El alma es una sustancia que de ninguna manera se puede someter a las leyes mecánicas y deterministas que rigen el cuerpo.
El mecanicismo que se desprende del dualismo antropológico (según el cual el alma es libre y el cuerpo se encuentra determinado por leyes mecánicas) tuvo implicaciones positivas y negativas. Por un lado, estimuló la búsqueda biológica, fisiológica y médica. Por otro lado, la materia y la naturaleza son consideradas una máquina. La naturaleza queda a disposición y al servicio del hombre. El hombre puede hacer lo que quiera tanto de la materia como de los animales, él es su amo y señor. Pero debemos saber que la Tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la Tierra.
Respecto del dualismo antropológico, la mente en el funcionamiento del cerebro, por lo que no está separada del cuerpo. Por tanto, Descartes se equivocaba.
DESCARTES: Las tres sustancias
Mediante su método, Descartes llegó a distinguir las tres sustancias que componen lo que es real: el yo pensante, Dios y el mundo.
- El yo pensante: La duda metódica y universal nos ha llevado a una realidad incuestionable: la existencia de un yo pensante, un alma. Descartes concluye que puedo dudar de la existencia de mi cuerpo y del mundo que me rodea pero no puedo dudar de la existencia de mis pensamientos, de mis ideas, de mi subjetividad.
Mi subjetividad es el conjunto de pensamiento, ideas, representaciones… que fluyen en mi yo. El gran reto que debe superar Descartes es encontrar la manera de saber si hay cosas objetivas y cómo son estas cosas.
Descartes estudia y clasifica las ideas del yo de la siguiente manera:
- Adventicias o adquiridas. Son las ideas que provienen de fuera, de la experiencia sensible, de mi percepción del mundo o de la enseñanza. Pueden resultar erróneas, ya que muchas veces tenemos ideas diferentes sobre un mismo objeto externo.
- Ficticias o artificiales. Son las ideas que inventamos nosotros arbitrariamente.
- Innatas o naturales. Son las ideas que emergen de la propia facultad de pensar. Son unas ideas que nuestra mente capta y ha de aceptar necesariamente sin poder modificar nada. La idea de Dios es la más eminente idea innata.
- Dios: Descartes considera que el yo pensante no es perfecto, y que la misma duda metódica se ha establecido para corregirlo; pero, a pesar de eso, el yo pensante posee la idea de perfección. La idea de perfección innata en nosotros es la idea de un ser perfecto: es la idea de Dios. Según Descartes, esta idea de Dios no puede provenir de nosotros, seres imperfectos; por lo tanto, tiene que haber sido una realidad divina que la ha hecho surgir en nuestras mentes.
Así, del conjunto de ideas que posee el yo pensante, sobresale una idea que permite ir más allá de la propia subjetividad y que permite afirmar la existencia de una realidad extramental: es la idea innata de Dios.
La demostración de la existencia de Dios es una pieza fundamental en la metafísica cartesiana. Dios es la realidad que permite superar mi subjetividad. Descartes da un paso más: Dios se convierte en garantía del conocimiento. Es Dios existen las verdades evidentes, claras y distintas.
- El mundo: Descartes afirma la existencia de una primera sustancia, el yo pensante. A su vez, el yo pensante descubre una segunda sustancia, Dios.
Del yo pensante no puedo dudar; del cuerpo, sí. Pero, si tengo una idea clara y distinta de mi cuerpo extenso y existe un Dios perfecto, no puede permitir que me engañe cuando hago uso adecuado de mi razón. La bondad de Dios, por tanto, me garantiza que la tendencia natural humana a creer en la existencia de las cosas extensas no es engañadora.
Además de la sustancia pensante, existe otro tipo de sustancia finita y creada: la de los cuerpos, todos ellos con un atributo fundamental, la extensión. La materia constituye la tercera sustancia de la metafísica cartesiana. El yo pensante y la materia pertenecen a órdenes diferentes, el pensamiento no tiene nada que ver con la realidad material, y la vida de estas realidades materiales es parecida a un reloj. Las tres sustancias se diferencian de la siguiente manera:
- Dios: sustancia perfecta e infinita, con una razón también perfecta.
- Yo pensante (alma): sustancia imperfecta, per dotada de razón.
- Materia: sustancia imperfecta. Cualidades primarias y secundarias.
Ahora bien, si el yo pensante y la materia son dos realidades o sustancias independiente, ¿cómo se comunican entre sí? La respuesta es mediante la glándula pineal. Esta glándula se encuentra en medio del cerebro, y en ella se aloja el alma; desde allí conecta con el cuerpo y modifica los movimientos de éste.