domingo, 22 de marzo de 2009

DESCARTES: Las tres sustancias

Mediante su método, Descartes llegó a distinguir las tres sustancias que componen lo que es real: el yo pensante, Dios y el mundo.


- El yo pensante: La duda metódica y universal nos ha llevado a una realidad incuestionable: la existencia de un yo pensante, un alma. Descartes concluye que puedo dudar de la existencia de mi cuerpo y del mundo que me rodea pero no puedo dudar de la existencia de mis pensamientos, de mis ideas, de mi subjetividad.
Mi subjetividad es el conjunto de pensamiento, ideas, representaciones… que fluyen en mi yo. El gran reto que debe superar Descartes es encontrar la manera de saber si hay cosas objetivas y cómo son estas cosas.
Descartes estudia y clasifica las ideas del yo de la siguiente manera:
- Adventicias o adquiridas. Son las ideas que provienen de fuera, de la experiencia sensible, de mi percepción del mundo o de la enseñanza. Pueden resultar erróneas, ya que muchas veces tenemos ideas diferentes sobre un mismo objeto externo.
- Ficticias o artificiales. Son las ideas que inventamos nosotros arbitrariamente.
- Innatas o naturales. Son las ideas que emergen de la propia facultad de pensar. Son unas ideas que nuestra mente capta y ha de aceptar necesariamente sin poder modificar nada. La idea de Dios es la más eminente idea innata.


- Dios: Descartes considera que el yo pensante no es perfecto, y que la misma duda metódica se ha establecido para corregirlo; pero, a pesar de eso, el yo pensante posee la idea de perfección. La idea de perfección innata en nosotros es la idea de un ser perfecto: es la idea de Dios. Según Descartes, esta idea de Dios no puede provenir de nosotros, seres imperfectos; por lo tanto, tiene que haber sido una realidad divina que la ha hecho surgir en nuestras mentes.
Así, del conjunto de ideas que posee el yo pensante, sobresale una idea que permite ir más allá de la propia subjetividad y que permite afirmar la existencia de una realidad extramental: es la idea innata de Dios.
La demostración de la existencia de Dios es una pieza fundamental en la metafísica cartesiana. Dios es la realidad que permite superar mi subjetividad. Descartes da un paso más: Dios se convierte en garantía del conocimiento. Es Dios existen las verdades evidentes, claras y distintas.

- El mundo: Descartes afirma la existencia de una primera sustancia, el yo pensante. A su vez, el yo pensante descubre una segunda sustancia, Dios.
Del yo pensante no puedo dudar; del cuerpo, sí. Pero, si tengo una idea clara y distinta de mi cuerpo extenso y existe un Dios perfecto, no puede permitir que me engañe cuando hago uso adecuado de mi razón. La bondad de Dios, por tanto, me garantiza que la tendencia natural humana a creer en la existencia de las cosas extensas no es engañadora.
Además de la sustancia pensante, existe otro tipo de sustancia finita y creada: la de los cuerpos, todos ellos con un atributo fundamental, la extensión. La materia constituye la tercera sustancia de la metafísica cartesiana. El yo pensante y la materia pertenecen a órdenes diferentes, el pensamiento no tiene nada que ver con la realidad material, y la vida de estas realidades materiales es parecida a un reloj. Las tres sustancias se diferencian de la siguiente manera:
- Dios: sustancia perfecta e infinita, con una razón también perfecta.
- Yo pensante (alma): sustancia imperfecta, per dotada de razón.
- Materia: sustancia imperfecta. Cualidades primarias y secundarias.
Ahora bien, si el yo pensante y la materia son dos realidades o sustancias independiente, ¿cómo se comunican entre sí? La respuesta es mediante la glándula pineal. Esta glándula se encuentra en medio del cerebro, y en ella se aloja el alma; desde allí conecta con el cuerpo y modifica los movimientos de éste.

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